«Blackhole», Ryan Adams

DICIEMBRE 2024. Durante el primer lustro del presente siglo, la incipiente carrera en solitario de Ryan Adams terminó desbocándose entre polémicas, adicciones, depresión y muchísima música. Por un lado la ruleta rusa de sus actuaciones en vivo. Por otro, su aluvión compositivo que desencadenó en una publicación desmesurada de magníficos álbumes.

A pesar de todo, quedaron varios discos inéditos, entre los cuales se encontraba «Blackhole», una de las obras perdidas en el limbo del músico de Jacksonville. Hasta ahora, que tras publicar cuatro trabajos a principios de año, se suma esta recuperación a su inabarcable catálogo. Habitualmente, toda la bibliografía sobre estas canciones suele enmarcarlas entre «Rock n Roll» (2003) y «Love is Hell» (2004) por la época de la grabación y el contexto sonoro.

La tristeza es perenne durante los treinta y cinco minutos y desde la inicial The Door se antoja que el camino va a estar plagado de momentos oscuros y sinuosos. La melancolía y el tiempo perdido son claves y a pesar de todo lo dicho, los arrebatos rockeros que se asoman y una base rítmica vital hacen que el recorrido no decaiga ni parezca depresivo, manteniéndose en un hilo ambivalente y curioso.

Do you even know how dark it was
When I came crawling from the fire
Your name scratched into the paint on the walls
Beating the colors of desire

Las canciones son escuetas y directas, desde Help Us con espíritu punk, hasta la melodiosa Runaway, pasando por una arrebatada y poderosa Starfire. En cierto modo, el conjunto, aún notable, se aleja los vuelos altos dentro de su discografía. A su vez se agradece que por fin vea la luz. ¿Hubiera sido diferente una carrera tan imprevisible como la de Adams si hubiera aparecido hace dos décadas? Causas y azares.

Fotografía: Ryan Adams
Texto: RG Valle

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