NOVIEMBRE 2024. Han transcurrido dieciséis años desde el anterior disco de The Cure. En un mundo musical como el actual ese plazo es una eternidad. Sin embargo, la banda de Robert Smith es ajena a un presente artificial e incómodo. Desde el mismo título lo dejan caer. Y resulta curioso que el grupo más extraño entre los extraños siga siendo hoy en día una rareza y a la vez las ocho pistas que conforman «Songs of a Lost World» funcionen como un retorno tranquilo al hogar.
Alone, además del punto de partida, es una de las mejores composiciones de la temporada. Es una canción repleta de calma, con una larga introducción instrumental hasta que la inconfundible voz de Smith ataca unos versos crepusculares. La lírica de la obra mantiene el pulso universal, con despedidas, vacíos y oscuridad junto a unas certeras reflexiones sobre el paso del tiempo y su aceptación.
This is the end of every song that we sing
The fire burned out to ash
And the stars grown dim with tears
Cold and afraid
The ghosts of all that we’ve been
We toast with bitter dregs to our emptiness
La producción, grabación e interpretación ha corrido a cargo del propio Smith casi en su totalidad, apoyado por sus acompañantes en giras del último lustro: Simon Gallup al bajo, Jason Cooper a la batería, Roger O’Donell a los teclados y Reeves Gabrels a la guitarra. Las atmósferas nunca chocan con melodías brillantes y poderosas, creando largos temas con un sonido espectacular.
I Can Never Say Goodbye o Endsong son las otras dos cumbres de un recorrido homogéneo y sobresaliente que convierte el retorno al estudio en un paso que hace crecer el mito. Una vuelta por la puerta grande.

Fotografía: Andy Vella
Texto: RG Valle