AGOSTO 2024. Sin introducciones ni preámbulos, el nuevo álbum de Nick Cave & The Bad Seeds se inicia de modo rotundo y apabullante. Song Of The Lake abre «Wild God» como un vendaval, repleto de coros, sintetizadores grandilocuentes, una base rítmica sinuosa y la voz del australiano en un primer plano, con una seguridad y elegancia abrumadoras. Sin posible respiro, como segunda pista aparece el tema titular y no hay objeción posible.
El piano también es unos de los protagonistas, siendo la guía en la serenidad de Joy o en la tenebrosa Final Rescue Attemp. En cualquier caso, en esta ocasión la sensación general es mucho más luminosa, metáfora de un renacimiento vital, artístico y esperanzado tras la tragedia. Tras el ecuador del recorrido, llegan dos cumbres mayúsculas: Conversion y Cinammon Horses, ambas tonadas tan emocionantes como memorables.
I never really ever saw you so beautiful as that again
I was touched by the spirit and touched by the flame
I never, ever really ever saw you so beautiful again
Well, not again, oh, not again
En el tramo final aparece Anita Lane, colaboradora desde hace años en una singular y novedosa O Wow O Wow (How Wonderful She Is) para pasar a ofrecer la despedida definitiva en la coda As The Water Covers The Sea, en la que se aprecia un trabajo coral insuperable.
El sonido es perfecto, nítido y robusto, grabado en los estudios franceses Miraval y en los londinenses Soundtree, autoproducido por el propio Cave y su fiel escudero Warren Ellis, con quien firma a medias la composición musical de las diez canciones. Dave Fridmann redondea el trabajo con una mezcla ejemplar. Las letras, espirituales, bellas y optimistas casan como un guante. Una obra sobresaliente, de lo mejor del año.

Fotografía: Megan Cullen
Texto: RG Valle