«Giza zarata», Anari

FEBRERO 2024. La espera para escuchar el nuevo disco de Anari ha sido larga y al fin aparece «Giza zarata», la continuación de la maravillosa dupla formada por «Zure aurrekari penalak» (2015) y «Epilogo bat» (2016). En todo caso, durante estos ocho años, ha mantenido su actividad artística con giras y la aparición de canciones en formato sencillo, como el «cOUPAGES#4» junto a Thalia Zedek o adaptando Vinu, Cantares Y Amor de Nacho Vegas. Además, en la faceta literaria, ha publicado su primera obra, «Gari eta goroldiozko», y se han recopilado los textos de su cancionero con traducciones al castellano en el imprescindible «Demoliciones controladas». Ah, y aunque parezca ya olvidada, una pandemia en medio de todo. Trastocando el mundo un poco más.

Con la intensa Troiako Zaldia da comienzo un álbum que sintetiza el estilo sonoro y la lírica referencial que han dado forma a la carrera previa de la música azkoitiarra. Sigue muy presente la canción autoral de alma folk y coraza eléctrica que puede emparentar estos temas con Nick Cave, Big Thief o el propio Vegas. Por supuesto con el sello ya marcadísimo de su voz y la forma de afrontar las composiciones, característico y reconocible desde los primeros compases.

Mendebaldearen narrazio etena, hautsia
Ebidentzia faltsuak, egiak eta post-egia
Euforia, kulpa eta melankolia
Geldiezina, narea, Troiako zaldia

Ez Nengoen Han se presenta como un río caudaloso de versos sin fin, Tigrea es un medio tiempo tembloroso en el que la guitarra llora distorsión y la emotiva Edertasun Arraroa rezuma melancolía. Son diversas piezas que forman un puzle de cicatrices pasadas, reflexiones del presente y miradas al futuro que con el vestido del rock se expresan tan certeras como incisivas. Las cumbres del recorrido llegan con la abrumadora Inmolazioa y Vesna Vulovic, que opta a convertirse en otra de las infalibles en su repertorio.

Grabado bajo la atenta producción de Joaquín Pascual y Paco Loco, junto a los habituales Mikel Txopeitia y Xabier Olazabal, este disco se alza como una obra tan notable como natural. Como si fuera necesaria para refugiarse, como esos brindis en los que la tristeza y la alegría se dan la mano. Que nos recuerdan vivir.

Fotografía: Emezeta
Texto: RG Valle

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