OCTUBRE 2021. Es complicado seguir la estela de la perfección. Tras dos obras sublimes y redondas como son «Lost In The Dream» (2014) y «A Deeper Understanding» (2017), The War On Drugs busca con su continuación lograr ese gran reto. «I Don’t Live Here Anymore», el quinto disco de la banda liderada por Adam Granduciel, se convierte en mucho más que un intento. Funciona como un álbum unitario repleto de fuerza y evita comparaciones gracias a que la banda mira hacia delante, vislumbrando un horizonte con una personalidad propia apabullante.
En el inicio, con Living Proof, juegan al folk descarnado y desnudo. A una guitarra acústica y a los acordes al piano se van uniendo elementos que añaden capas de intensidad en una tonada introductoria y perfecta. Se puede decir que es el prólogo que atrapa a la audiencia y se convierte también en la rareza del conjunto, por su sencillez y ternura.
I’m always changing
Love overflowing but I’m rising
And I’m damaged oh, rising
A partir de ese momento, el recorrido sonoro tiene el nombre propio del grupo tatuado en cada arista y recoveco. Harmonia’s Dream y Change sustentan todos los elementos reconocibles del terreno habitual que pisa el actual sexteto. Realizan un trabajo inconmensurable en las capas entrelazadas de guitarras, apoyado de modo eficiente por la base rítmica y un piano que acapara protagonismo en determinados pasajes. Esta vez, además de las tareas técnicas en el estudio, Shawn Everett toma además la labor de producción, cerrando un 2021 ejemplar para el músico canadiense.
El ecuador del disco está cubierto de cumbres. I Don’t Wanna Wait como heterodoxa balada rock, el solo incendiario con la distorsión saturada de Victims o la colaboración de Lucius en el tema titular son tan magistrales como memorables. La carrera de The War On Drugs, lenta y certera, da un paso más en su excelencia musical. Una vez más, habrá que realizar una reverencia.

Fotografía: Shawn Brackbill
Texto: RG Valle