AGOSTO 2021. Saltaron todas las alarmas cuando The Killers anunciaron la publicación de su séptimo disco. Fueron dos las razones que cuestionaban el resultado del trabajo. Por un lado, la reciente publicación de «Imploding The Mirage» (2020) y por otro el aviso de la idea conceptual del álbum. Tras las primeras escuchas se disiparon todas las dudas, fallaron las previsiones y «Pressure Machine» se presenta como una obra reflexiva y certera. Además contiene algunos de los mejores pasajes de la banda de Las Vegas desde el lejano y sobresaliente «Sam’s Town» (2006). El ambiente unitario del recorrido de los nuevos temas lo empareja con aquél en muchos aspectos, como si éste fuera un reverso maduro y melancólico.
Las composiciones de Brandon Flowers se basan en los recuerdos de infancia y adolescencia en el pueblo donde se crio y el hilo narrativo funciona a la perfección, generando una paleta de personajes e historias que aciertan al alternar la primera y la tercera persona, llegando a lo universal desde un terreno muy particular. Huye de lo pretencioso y abraza un costumbrismo lírico que casa genial con el sonido americana al que les han dirigido Jonathan Rado y Shawn Everett, que repiten como productores. Si la sombra de Bruce Springsteen siempre ha sido una de las influencias manifiestas del grupo, en este caso se palpa en cada compás el poder de «Nebraska» (1982) y «The River» (1980). También se intuyen guiños de los mejores U2 en la inicial West Hills. Sin embargo, el sello particular de The Killers está muy presente y tras quince años de carrera es uno de sus discos más personales.
And I will walk with the dead and the living where I used to live
And every time I see my parents in the prime of their lives
Offering their son the kind of love he could never put down
Well, part of me is still that stainless kid, lucky
El optimismo de Quiet Town, la fuerza de In The Car Outside o la crudeza desnuda de Terrible Thing son algunas de las sensaciones que transmiten las canciones. Dave Keuning ha regresado a tiempo completo a la banda y se luce a las seis cuerdas con momentos sublimes e imaginativos como en la magnífica Cody. El apartado de colaboraciones es tan contenido como acertado y reseñable. Joe Pug aporta armónica, Sara Watkins su violín y Phoebe Bridgers, en un momento espectacular de su carrera, realiza un dueto con Flowers en la tierna Runaway Horses.
Los interludios de conversaciones añaden contexto e introducen a cada oyente en el mundo que han creado con esta obra. Con la elegante suite que supone el tema titular y el cierre folk The Getting By con la ayuda de los hermanos Goldsmith de Dawes en la recta final, solo cabe admitir que es uno de los álbumes más interesantes de la temporada. Otra medalla de oro.

Fotografía: Danny Clinch
Texto: RG Valle