MARZO 2021. Como es habitual en sus obras discográficas, el séptimo trabajo de Lana Del Rey pivota alrededor del protagonismo absoluto de su voz. De forma natural, filtrado o con efectos, es el registro vocal el que acapara el primer plano y guía el recorrido de «Chemtrails Over The Country Club». Los arreglos, al igual que la instrumentación, son austeros a la vez que concisos y estudiados, logrando subrayar el objetivo primordial de cada composición.
Después de un llamativo y notable inicio con White Dress, aparece el tema titular y deja constancia que la música neoyorquina es una magnífica escritora, como ya ha demostrado en multitud de ocasiones. Entrega una de las canciones memorables que dejará la temporada.
It’s beautiful how this deep normality settles down over me
I’m not bored or unhappy, I’m still so strange and wild
I’m in the wind, I’m in the water
Nobody’s son, nobody’s daughter
Watching the chemtrails over the country club
Los pilares son las melodías cantadas, tanto las novedosas como cuando contienen pequeños guiños autorreferenciales al pasado. Se apoyan en colchones de piano o guitarra que van añadiendo detalles con cada escucha. En todo caso, dejan la certera sensación de que su interpretación sería suficiente con un ligero acompañamiento. Dark But Just A Game, la segunda cumbre del camino, se antoja algo diferente con un planteamiento de mayor amplitud de banda. Yosemite se muestra tierna, Breaking Up Slowly cuenta con la colaboración de Nikki Lane y la segunda parte de Dance Till We Die es el único momento en el que parece que desboca el sinuoso tempo continuo. El cierre, acompañada de Zella Day y Weyes Blood, es una versión de For Free de Joni Mitchell. Deuda y homenaje completados.
En las labores de producción, Lana Del Rey vuelve a contar con dos de sus personas de confianza en el estudio, Jack Antonoff (Bleachers) y Rick Nowels. Ambos saben adaptarse a la perfección en este tipo de proyectos y tras la experiencia previa adquirida, el resultado es un acierto pleno, redondeando un álbum notable de pop minimalista a escasas revoluciones.

Fotografía: Neil Krug
Texto: RG Valle