ABRIL 2020. Cuando los cordobeses Viva Belgrado anunciaron la publicación de su tercer disco, «Bellavista», explicaron que tanto el título como el diseño elegidos representaban elementos como el arco iris o el páramo desde la perspectiva de un grupo de rock. La utopía como concepto, esa razón por la que han seguido creando música y avanzando artísticamente, en esta ocasión con el desengaño ya asumido de que la meta es inalcanzable.
En varias de las letras vuelven a estar presentes los pensamientos sobre lo que supone componer canciones y salir de gira para presentarlas en directo. La vida dentro de una banda y su desarrollo, en definitiva. Cuatro años después de la aparición del magnífico «Ulises», este álbum se muestra igual de rotundo y certero. A modo de semicírculo, una vez más con el concepto desarrollado en la portada, la narrativa en el recorrido de los temas avanza como una novela en la que todo cuadra. La introducción precisa, el nudo en la cumbre y el desenlace repleto de perspectivas abiertas.
Una Soga funciona a modo de prólogo, fracturando desde los primeros compases la cuarta pared entre el oyente y el grupo. Se ofrece aquí también el contacto directo con un público entregado, práctica habitual y admirable desde sus inicios siguiendo esa norma no escrita del hardcore y sus estilos derivados.
No supe tomar la curva y ahora es tarde
Pero deja de guiñarme el ojo, no es tan abstracto ¿no?
Cambian las estaciones pero nunca los problemas
Ni estas necesidades especiales que tratar
El álbum es complejo y variado a nivel instrumental y contiene una lírica apasionada y singular. Desde el extremo categórico de los ritmos pesados y cortantes hasta bases más sintéticas que se acercan al pop contemporáneo. Y todo ello sin escaparse de los parámetros sonoros a los que está acostumbrada la banda.
El centro de la obra, desde la quinta pista hasta la octava, es una cordillera imponente de creatividad y emociones. Un Collar baila desde los gritos y los espasmos iniciales hasta llegar a un intervalo acústico con querencia flamenca que casa cual guante perfecto. Una innovación en su cancionero tan atrevida como triunfante. Ikebukuro Sunshine es una gema tallada por el mejor artesano con colaboración vocal de Cala Vento. Vicios junto a Shibari Emocional forman una genial dupla que bebe a morro de lo mejor de la última etapa de Berri Txarrak. Son más influencias asimiladas de modo magistral, que se dejan entrever a lo largo de los minutos.
La despedida con ¿Qué Hay Detrás De Las Ventanas? es un epílogo con sabor agridulce y nostálgico que cierra de manera perfecta un disco sobresaliente, tan sólido como sus predecesores, continuando una carrera discográfica intachable.

Fotografía: Rubén Montesinos
Texto: RG Valle