Entre el 26 y el 31 de agosto de 1970 en la Isla de Wight se celebró por tercer verano consecutivo uno de los festivales de música más multitudinarios de la historia. Organizado por los hermanos Ron, Bill y Ray Faulk, acudieron más de 600.000 personas al evento en el que participaron entre otros artistas Kris Kristofferson, Supertramp, Caetano Veloso junto a Gilberto Gil, Taste, Chicago, Joni Mitchell, Miles Davis, The Doors, The Who, Jimi Hendrix o Free. Un cartel impactante cuyas actuaciones fueron tanto históricas como polémicas. Hay que remarcar el caos que imperó durante esta edición del certamen debido a la inmensa audiencia que acudió como si de una gran peregrinación se tratase. La organización ni esperaba ni estaba preparada para tal aluvión de público.

Durante la última jornada estaba programada la actuación de Leonard Cohen. A las cuatro de la mañana, tras varias jornadas en las que se vivieron momentos tensos e incluso alguna situación violenta entre público y artistas, subió al escenario acompañado por The Army, banda que contaba con Ron Cornelius, Charlie Daniels, Elkin ‘Bubba’ Fowler, Corlynn Hanney, Susan Musmanno, Donna Washburn y Bob Johnston, manager y productor musical de Cohen que ejerció de teclista accidental en aquella ocasión por petición imperativa del cantante. El conjunto fue plenamente acústico y coral, subrayando el protagonismo de la guitarra y voz del escritor y músico canadiense. El repertorio estuvo formado por canciones de sus dos primeros discos «Songs from Leonard Cohen» (1967) y «Songs from a room» (1969) junto a algún avance de «Songs of Love and Hate» que aparecería en marzo del año siguiente.
Una vez sobre las tablas, el silencio fue predominante entre la audiencia, descartando el miedo ante la aparición de los silbidos y abucheos que habían sufrido alguno de los grupos durante el fin de semana. Incluso se encendieron cerillas en el transcurso del concierto a petición del propio Cohen. La expectación que había causado su directo junto a su presencia y las primeras palabras ante el micrófono bastaron para una atención respetuosa durante la hora y veinte que duró la actuación. Su franqueza y sencillez fueron claves para vivir el momento de mayor calma en todo el festival.

- Fotografía: Tony Russell
Tras una introducción de calado poético, Bird On The Wire y una emocional So Long, Marianne fueron los primeros temas de la velada. Entre pequeñas bromas y alegatos sinceros fue desgranando su cancionero austero, hasta convertir una multitud desordenada en una comunidad agradecida. The Stranger Song sonó afilada, hubo invitación a la danza con Tonight Will Be Fine y en aquel momento Suzanne ya era emblemática y fue muy celebrada. En el tramo final dedicó The Partisan a Joan Baez, por todo el trabajo y camino que ella había recorrido. Como despedida, la tristeza con un halo de esperanza de Seems So Long Ago, Nancy se fundió con un largo momento de aplausos.
El concierto íntegro se puede encontrar en el lanzamiento «Live at The Isle of Wight 1970» (2009) con un sonido excelente y acompañado de un documental dirigido por Murray Lerner.

Fotografía de portada: Charles Everest
Texto: RG Valle